No hay nada más grande que el tiempo compartido familia, son recuerdos que se albergan en el alma durante toda la vida.
Poema en prosa, para celebrar el profundo nexo entre padres e hijos.
La húmeda arena refleja la luz del cielo, y el mar les ofrece su calma con la suela suave que transmiten paz el fondo es el infinito subrayando la inmensidad del océano que los recibe sin tabú.
Un día soleado, luciendo un disco naranja suave que apenas despunta sobre la línea del horizonte en el océano, tiñendo las nubes y el agua de tonos oro, rosa y melocotón.
La luz baña dos figuras a orillas de la playa, creando siluetas cálidas y un resplandor místico a su alrededor. Extendieron sus brazos para ser bendecidos por el rey sol y, cerrando los ojos, ambos inhalaron profundo.
En cuestión de segundos, padre e hijo exhalaron el amor del inmenso océano que los recibió un día de primavera. Esa mañana, antes del alba, los Salvattore se entregaron al calor con absoluta serenidad, mientras la cálida brisa recorría sus cuerpos.
El padre, un hombre de complexión fuerte y cabello oscuro, su porte relajado, se acoplaba a la frescura del lugar, una camisa de lino blanco holgada y pantalones oscuros enrollados hasta la rodilla.
El hijo, aún sigue siendo un niño, de unos ocho años, luciendo tan sutil y fresco similar a su padre; con una mirada profunda entregado por completo hacia el horizonte con curiosidad y seguridad bajo el brazo protector de su progenitor.
Ambos están de espaldas o de perfil, mirando hacia la inmensidad del océano, lo que invita al lector a unirse a su momento de introspección.
He aquí un hijo... recibiendo una hermosa lección sobre el amor y el respeto que nos regaló nuestro Señor. De norte a sur, de oriente a occidente, se aprecian los elementos que nos rodean.
He aquí un padre... feliz de compartir su devoción por la creación divina. En cada partícula de nuestra naturaleza hay vida y esperanza para regocijarnos en ella.
Esta es una pequeña muestra de esos momentos que el dinero jamás podrá comprar; un instante en el mundo que centenares de padres e hijos han deseado y que muchos, como yo, jamás han disfrutado, pues el cruel destino nos lo arrebató desde chicos.
Tú, que aún lo tienes... disfruta de tu padre amado, bien sea ante la brisa marina o en la paz de un hermoso campo.
En cualquier lugar que te encuentres, abre tu corazón y dile cuánto le has amado. Celebra estas maravillosas lecciones entre un padre y un hijo
Ese momento a la orilla del mar, es el testamento de un amor entre padre e hijo que trasciende el tiempo y las estaciones. Un padre que no buscó el éxito en lo tangible. Por el contrario, un hombre que disfruta de su mayor fortuna.
Esos minutos de calidad entre ellos, con lecciones compartidas bajo la luz de un sol que nacía en un nuevo día cálido y abrigador.
Ninguno de los dos permitió que el destino le arrebatara una gran oportunidad de decir "te amo" compartiendo un silencio cómplice. Dónde el abrazo de un padre y la mirada curiosa de un hijo, son los cimientos de su hermosa historia personal. Creando un momento inolvidable en el corazón de ambos. El que tiene su padre puede experimentarlo, y el que no tendrá que esperar a tener sus propios hijos para ponerlo en práctica. En conclusión toca una fibra muy sensible.
"La gratitud de quienes tienen a sus padres y la nostalgia de quienes los perdieron temprano".
Comentario de Autora:
En esta pieza quise expresar un poco sobre la relación entre padres e hijos, aunque se podría decir que en mi lugar salí perdiendo. Lo que hace esta prosa un cántico, conmovedor y necesario —es que bailamos entre la fortuna y el infortunio— pero siempre hay oportunidad.
Hoy, mientras lees estas líneas, te invito a mirar a tu alrededor. Vamos a honrar el presente, agradezcamos nuestras raíces y permitamos que el amor sea el horizonte que guíe nuestros paso.
Dennoe Han. (D.N.).
Historias, poemas, reflexiones y algo más....

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