Cuando la esperanza insiste en abandonar la conciencia de nuestros esfuerzos.
Relato corto sobre las aventuras y el desengaño de un trió de viajeros...
El viaje consistía en tres vuelos con destino al supuesto encantamiento europeo. Al subir al primer avión desde Bogotá, Tatiana sintió cómo la sangre burbujeaba en su cabeza.
Sentada hacia el pasillo, la sequedad recorrió su boca y la saliva se tornó espesa; un leve mareo sucumbió sus fuerzas.
Como chica precavida, accionó con rapidez: una oración y un masaje firme desde la frente al cuello, buscando alivio a la tensión de aquel dolor irritante.
Rodrigo y Alba, en cambio, apenas tocaron el asiento se quedaron dormidos, ignorando por completo el sufrimiento de Tatiana.
Ella se atendía a sí misma bajo la mirada de una mujer de unos cincuenta y cinco años; elegante y astuta, la desconocida observaba absorta cómo la joven masajeaba su pecho y su cabeza en la penumbra.
Tras un respiro de alivio, Tatiana hurgó en su bolso, puso una pastilla bajo su lengua y bebió agua de un tirón.
Al notar la mirada de la señora, Tatiana simplemente sonrió y se reclinó, murmurando una oración de agradecimiento. Había evitado, por pura sabiduría propia, lo que pudo ser una tragedia inevitable.
El descenso en España fue silencioso. En el aeropuerto de Madrid —una inmensidad abrumadora— comenzó la verdadera prueba.
Mientras esperaban el último vuelo, el egoísmo de sus hermanos se hizo evidente: se echaron al piso a dormir sin preguntar por la rojez del rostro de Tatiana ni por su evidente malestar.
Sin un dólar para un café que la reanimara, Tatiana daba tumbos en el asiento. Sus ojos, enrojecidos por la presión, le hacían sentir que saldrían volando.
El dolor en el pecho ya no era físico, sino el peso del descaro de sus hermanos menores. Entre sueños, despertó con las burlas de Rodrigo y Alba; al parecer, su agotamiento la había hecho roncar sonoramente ante la vista de todos.
Por primera vez, no le importó. Agarró su mochila y caminó hacia la fila. El descanso era justo y necesario.
El último tramo hacia Canarias fue una carrera contra el tiempo. Entre maletas que daban vueltas en la correa y pasillos interminables, llegaron a la puerta de embarque justo cuando cerraba.
El grito desesperado de Rodrigo alcanzó a la asistente, y abordaron sintiendo cómo la puerta se sellaba a sus espaldas.
Con poco dinero, un hermano caprichoso y una zona de confort que se negaba a desaparecer, la travesía se transformó en una mezcla de terror y esperanza.
La aventura apenas empieza para este trío de hermanos en una tierra nueva, a la buena de Dios y del amor que esperaba a Tatiana al final del camino.
Historias, poemas, reflexiones y algo más...

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