Cuando te cuesta superar el sentimiento de perdida y te das cuenta demasiado tarde.
Relato para la reflexión, para que reaccionemos a tiempo y superemos los retos.
El llorar del cielo, rememora mi desesperante noche;
el amor de mi vida se fue de mi lado sin previo aviso, llegó el momento de su partida,
sin tocar la puerta se metió hasta donde ella se encontraba, me quede desamparado
como tonto, arrepentido de no haber aprovechado mi tiempo y haberle dicho cuanto
me importaba, siendo la vida misma era ella quien más amaba.
Se fue... Si, se fue sin saber cuánto la quise,
la quiero y la querré más allá de los cielos; se fue sin sentir mis últimas caricias,
sin besar sus sutiles mejillas sonrosados o devorar sus cálidos labios ávidos de
mi amor y mi pasión, ahora estoy triste y vació nadando en un mar de preguntas sin
respuestas que a cada segundo me acercan a la locura.
Reflexiones que en su momento no comprendía y hoy
día me arrepiento no haber abierto mi boca, para decir meditar sobre mis actos,
siguen retumbado en mi memoria, sobre todo en mi soledad cruenta y fría, con dolor
me digo a mi mismo....
¿En qué momento, deje de decirle
lo hermosa que era?
¿Por qué deje de darle detalles y atenciones?
¿Cuándo me olvide
del aniversario?
¿Cómo pude permitir centrarme solo en el trabajo? ¿Por qué olvide
nuestros paseos?
Hoy ya es tarde, me
dejé llevar por el exceso de trabajo y no me di cuenta que te la estaba perdiendo,
y la realidad es que no tengo vida desde su ausencia, esa palabra de apoyo, ese
hombro que me reconfortaba en mi tristeza, y esa risa que alegrabas mis días.
¿Quién me cuidaba en mis fiebres? Esa mano que acariciaba mi pecho, tú qué me recibías amorosa y apasionada.
Ahora que ya se ha ido, la reflexión llegó a mi puerta demasiado tarde, perdí de la persona amada por estar sumido en las nebulosas, descuidando lo más hermosa de la vida.
Perdí mi tiempo dándole valor a las cosas materiales, dejando atrás lo
más importante, ahora que no la tengo, ni siquiera queda el consuelo de recuperar
su amor, pues sus adorables pies ya no tocan esta tierra.
Ahora que añoro un
beso suyo, una caricia, un abrazo un te quiero; mi musa, mi amada se han ido para
siempre.
Mis incontenibles lágrimas
corren por mis mejillas como cascadas de aguas cristalinas, desatadas cual corriente
de rio bravo; sintiendo en las noches el tierno abrazo de sus cálidos brazos, en
una brisa que me roza erizando mi piel marchita, recordándome que te he perdido
sin decirte cuando te quiero.
Ahora que me has abandonado, no tengo palabras para
expresar mis sentimientos, luchando contra el profundo dolor de tu ausencia taladrando
mi pecho.
En mi desesperación
te busco en todos mis recuerdos y no te encuentro, tu imagen se ha ido disolviendo,
ahora debo continuar esperando el día que pueda verte, pidiendo al cielo que pueda
reconocerme y llevarme a tu lado, el problema es que no sé cuándo será ese día tan
añorado. En
la soledad de mi alma me pregunto:
¿Cuánto tiempo ha de pasar para ver a mi amor
perdido, serán días, meses o años?
Solo sé que te siento a mi lado cuando estoy tan triste sumido
en la melancolía de tu partida...
Nota de Autora:
Este texto funciona como una advertencia poderosa sobre el balance de vida y la fragilidad del tiempo.
Quise representar la pureza de ese amor que se fue, o quizás el espíritu de la amada que ahora camina en un plano de paz donde el dolor ya no existe.
Dennoe Han.(D.N.)
Historias, cuentos, poemas, relatos.

