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MIS HISTORIAS Y LAS TUYAS.

18 de agosto de 2017

SALVE MADRE TIERRA

Tributo a la madre tierra, que tanto lo necesita de nuestro cariño y cuido... 

Poemas en versos libre y muy sentidos. A veces, en la prisa del día a día, olvidamos que cada paso que damos es sobre un cuerpo vivo que nos nutre y nos sostiene. 



Tomada de la Biblioteca de imágenes Google


Mis pies andan desnudos
al calor de tu cuerpo,
tú, que recibes desde el cielo
un sublime llanto,
dando vida a todo aquello que crecerá
sobre tu piel prolifera.

En dulce primavera
te cubres de flores de miel,
esparciendo sus fragancias
a todo el que ve crecer;
desde la más simple semillita,
hasta inmensos y hermosos
campos de un vergel.

El candente resplandor
de un vehemente sol,
calcinará tu torso hermoso
con el más tosco verano.

¡Sí, así cómo lo has escuchado!
un verano tan ardiente 
que llegará quemando
hasta la más sutil de
 tu alma al desnudo

El otoño levantará 
las cascaras de tu piel curtida,
agrietada por el castigo
de un intenso verano,
dejando sobre tus heridas
un alentador balsámico,
con miles de petalos y hojas
pasándose con sosiego,
 sobre tu piel maltratada 
triste y tan desprotegida.

En los duros días de inverno
de agua fría te ha de cubrir,
haciéndote titiritar
en su despectivo caminar,
en los polos de tu hermosura
  tu piel ha logrado congelar.

Sublime y hermosa tierra
que mi cuerpo has recibido;
regalándome a diario un beso,
 con cada uno de tus suspiros.

De sublime y noble brisa
son tus tiernas caricias
van rozando mis mejillas,
en ocasiones cálidas
en ocasiones frías.

¡Oh, bendita tierra!
¡Oh, tierra bendita!

Hoy sobre tu cuerpo ando
con emoción y alegría;
espero pasen muchos años
 antes de conocerte por dentro
cuando recibirás mi cuerpo,
con tu cálido abrazo y un beso.
La más sublime alegoría,
liberando mi espíritu y alma añejos 
hacia el inevitable encuentro
con mi ser amado.

Salve, madre tierra.
Salve, tierra madre.




Comentario de Autora:

La Tierra no es solo el escenario de nuestra historia; es la piel que habitamos, el ciclo que nos enseña que después de cada invierno helado, la primavera siempre encuentra el camino para florecer.

Este poema es una invitación a detenerte un segundo, a sentir el aire en tus mejillas y a dar las gracias por este hogar infinito. 

Cuidar de ella es, en esencia, cuidar de nosotros mismos y del legado que dejaremos a quienes vendrán después.




 Dennoe Han. (D.N.) 


Historias, poemas, reflexiones y algo más...

10 de agosto de 2017

En una mañana Fría… Parte final.

Todos alguna vez hemos sentido esa melancolía infinita en nuestra alma, aunque no sea el tiempo de sucumbir a ella... 

En este relato quise reflejar la transformación de una mujer consumida por su autocompasión. 




Camelia volvió a la vida en un instante, entre abrazos y sonrisas fulgurantes. Sí... volvió a nacer aquella hermosa mujer que permaneció en la memoria de los habitantes: la habilidosa cuentista que les llenaba de sorpresas y emociones en cada historia. 
Quienes mejor la conocían la reseñaron como el “Ave Fénix hecha mujer”, por resurgir entre las cenizas de un mal amor.
Así transcurrían sus días, compartía un rico café entre estruendosas risas y jocosas anécdotas del diario convivir. 
Don Facundo era un agradable anciano, muy querido en aquellos barrios; había acumulado más de treinta años de vivencias en la comarca y su estandarte era la esmerada atención a propios y extraños.
Sin duda alguna, preparaba el mejor capuchino de la comuna y sus alrededores; por tanto, la cafetería siempre estaba llena, sobre todo en los gélidos días de invierno. Camelia jamás imaginó que aquella fría época traería consigo nuevas esperanzas a su vida.
Buenos días, preciosa Camelia… ¿Qué llevarás hoy?
—Lo que me recomiende usted, Don Facundo… Honestamente, para mí, todos los capuchinos que prepara son deliciosos.
—¡Umju! ¿Y no te quieres casar conmigo? Te mantendría calentita todo el día, con el toque justo que a ti te fascina.
—¡Don Facundo! Me está usted haciendo una proposición sumamente atractiva —dijo la joven riendo.
—¡¿Atractiva proposición?! —exclamó el anciano—. No, qué va, mujer… Atractiva tú, tan rebosante de lozanía. Yo, con mi mosquete enmohecido, te daría una vida aburrida.
—¡Que te lo digo yo, querida Camelia! —gritó Doña Cata desde una mesa del fondo—. Ayer le pasé la manito y no encontré ni los cartuchos percutidos.
La jocosidad de Doña Cata desató una cascada de risas que cubrió cada rincón del pintoresco lugar. Camelia no podía creer que su vecina se aventura a decir semejante intimidad, mucho menos cuando la cafetería estaba tan concurrida. 
Avergonzada, sintió sus mejillas arder; eran evidentes los colores intensos en su rostro. Don Facundo, al verla tan apenada, dejó escapar una risilla. 
Camelia quedó aturdida por los ardorosos comentarios de su amiga Catalina Pomarrosa, dueña de la lengüita más escandalosa de la comarca, mejor conocida como Doña Cata.
Ese año el invierno golpeó con fuerza. Pero un día cualquiera, en una mañana fría, Camelia leía una revista en un banquillo a las afueras de la cafetería; disfrutaba de una rosquilla mientras esperaba su cremoso capuchino. 
El clima estaba bajo cero y el local repleto a reventar; el jolgorio de los clientes enloquecía a Don Facundo y a su personal.
Absorta en su lectura, Camelia no lo vio acercarse. Sin tapujos, hasta su nariz llegó un perfume varonil: una selecta mezcla entre almizcle y flores de buganvilias. 
Levantó el rostro y, con los ojos cerrados, aspiró con descaro la exquisita fragancia. Menuda sorpresa se llevó: un hombre maduro le sonreía con suma picardía. Aquel desconocido de avasallante figura llevaba consigo dos envases del café más aromático que ella hubiera percibido jamás.
En la distancia, Camelia pudo observar a Don Facundo con una espléndida sonrisa, haciendo señas que ella no logró descifrar; sin más remedio que saludar, lanzó un beso al viento. Por instinto, aquel caballero dio inicio a una interesante conversación:
—Disculpe molestarla, señorita… Don Facundo le ha enviado su capuchino.
—Le agradezco que se haya tomado la molestia de traerlo.
—Cómo no hacerlo, si el local está lleno… Mire usted, señorita Camelia, lo azorado que está el personal.
—Para mí es costumbre —dijo ella sonriendo y mirando alrededor—, aunque es innegable que hoy está peor que nunca.
—¿Será que acepta mi compañía compartiendo un café?
La respuesta fue una sutil sonrisa. Camelia no demostró lo aturdida que se encontraba ante aquella fragancia que la hacía desvariar. Agradeció al cielo en silencio que aquel hermoso día fuese domingo y no tuviese que ir a laborar; no se perdonaría tener que marcharse sin terminar de escuchar aquella voz profunda que le permitía soñar.
A partir de ese instante, cada mañana, dos almas solitarias se encontraban en el mismo lugar. Compartiendo un rico café, emprendieron una hermosa amistad que, con el transcurrir del tiempo, se fortalecería cada vez más. 
Y fue una mañana fría —una mañana fría de verdad— donde, a su tiempo, el amor surgiría entre dos amigos que vivían día con día albergando la esperanza de encontrar la felicidad. 
Al igual que el primer día, aquellos enamorados jugaban a ser dos desconocidos para no perder la dicha de haberse encontrado.
¡Y así fue! Sí, señor… Así fue como Camelia Mondragón pasó de ser “una pobre e insulsa mujer” para convertirse en la más esplendorosa flor de la comarca. Rebosante de alegría ante las frágiles alas del amor, disfrutaba cada noche desatando la fogosidad contenida, sumiéndose en el interminable éxtasis de la pasión.
             
"Así que piénsalo amigos, hoy en un buen día para hacer una amistad más. Tal vez tengas la misma suerte que Camelia Mondragón y le des la bienvenida a un nuevo amor..."
Y

Nota de Autora:

Sin embargo, siempre existe la oportunidad de avanzar. Todo reside en el deseo genuino de querer hacerlo: es posible salir del hoyo y volver a fluir con la vida de forma positiva, aunque ese proceso tome tiempo. 

Lo sé porque me sucedió; yo logré salir porque alguien me tendió la mano. Lo más doloroso fue reconocer el tiempo perdido pero, independientemente de la causa, cualquier tipo de depresión te hunde y requiere valentía para emerger.

Piénsalo, amigo: hoy es un buen día para hacer una amistad más. Tal vez tengas la misma suerte que Camelia Mondragón y le des la bienvenida a un nuevo amor.

Dennoe Han. (D.N.).


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