En tiempos de desorden social, desesperación de un pueblo y la privatización de todos los servicios...
Mi punto de vista de los acontecimientos del 4 de febrero de 1992 en Venezuela... escrito en dos partes para mejor comprensión.
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I. El Ciclo de la Historia
Haciendo un poco de historia, para el año 1807, Simón Bolívar regresó al país encontrando una ciudad sumida en un ambiente de “Gran agitación social y política”, gobernada por una despiadada oligarquía española. Bolívar, indignado al ver al pueblo oprimido, se convenció de que la emancipación era la única vía.
En 1808 inició la planificación estratégica de las batallas que, a la postre, nos harían libres.
Dicen que la historia es cíclica y me tocó comprobarlo. Para el año 1989, se dio en nuestra amada Venezuela el estallido social conocido como "El Caracazo".
La crisis económica, las medidas neoliberales y la corrupción generaron días de disturbios y una inestabilidad que dejó centenares de vidas perdidas.
Estas circunstancias propiciaron la rebelión cívico-militar de 1992. Bajo el ideario bolivariano, surgió desde las filas del Ejército el Movimiento Bolivariano Revolucionario-200.
Era el clamor de los cansados del bipartidismo del "Pacto de Punto Fijo", que sumergió al pueblo en la miseria mientras favorecía intereses extranjeros.
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II. El Encuentro con la Esperanza.
Todos los encuentros en la vida surgen de manera distinta; a veces son repentinos, inesperados. ¡Ahí, mi Dios! Y ni hablar de la duración del encuentro, en su mayoría es efímeros, porque en un abrir y cerrar de ojos se esfuma en el viento.
Sí, una mezcla de todo ello fue el momento, cuando conocí aquel hombre que llenó mi alma de esperanza.
Un hombre gallardo y de corazón noble, que no temió abrazar al obrero sudado, al campesino o besar el rostro sucio de un niño inocente.
Ese estratega que llegó a nosotros el 4 de febrero de 1992: mi eterno comandante Hugo Rafael Chávez Frías.
Recuerdo despertar muy temprano aquella mañana. No había lluvia en los techos de La Vega, pero el sonar de los aviones surcando el cielo dejaba una espesa estela de humo.
Yo apenas tenía 21 años cuando la ciudad amaneció de golpe. Luis se levantó presuroso al escuchar el estruendo:
—¡Dios bendito, es un golpe de Estado! —gritó brincando de emoción—. Prende la televisión, mujer, que al fin se levantó un valiente para arreglar esta vaina.
Yo estaba fascinada; era mi primera vez presenciando un evento de tal magnitud.
El ronroneo de las motocicletas se apoderó del callejón del barrio El Carmen, bajando del cerro hacia Miraflores. Algunos festejaban, otros lloraban, pero lo más impresionante fue escuchar de labios del líder aquel “Por ahora”...
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III. La Semilla del Cambio
A pesar de la pesadumbre de esas cortas palabras, se sembró en el corazón del pueblo la semilla de que una nueva Venezuela nacería.
El decreto de emergencia nacional, el pueblo entusiasta, jubiloso y emocionado, bajó del cerro al encuentro de los valientes, dándoles fortaleza entre consignas y lágrimas.
Desde aquel día, decenas de personas se postraron en las cercanías del Cuartel San Carlos, donde sobraban los cánticos y vítores para aquellos jóvenes que deseaban liberar a un pueblo oprimido.
Ese acto heroico se clavó en la historia, dando inicio a lo que hoy conocemos como nuestra revolución.
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Comentario de Autora:
A estas alturas no me importa si me tachan de cualquier cosa, soy revolucionaria, y viví en carne propia los cambios a favor de un pueblo hermoso que ofrece su manos y amistad al forastero que toma nuestra nación como su segundo hogar.
Dennoe Han. (D.N.).
Historias, poemas, reflexiones y algo más...



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